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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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Una plataforma con inteligencia artificial fabricaba el anzuelo perfecto para vaciar cuentas: Microsoft la desactivó en Londres

EvilTokens revisaba correos robados, detectaba pagos pendientes y redactaba mensajes falsos que parecían parte de la conversación legítima. Afectó a más de doce mil casillas en diez mil organizaciones. Cómo operaba y por qué cambiar la contraseña no alcanza.

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Silvana DuarteSalud y sociedad · · 4 min de lectura
Una plataforma con inteligencia artificial fabricaba el anzuelo perfecto para vaciar cuentas: Microsoft la desactivó en Londres

A primera hora de la mañana, en la sala de espera de una financiera del microcentro porteño, una gerenta de cuentas el celular con la taza de café todavía llena. Tenía tres transferencias esperando firma desde la semana pasada y un proveedor de insumos para la construcción que reclamaba saldo. Cuando finalmente abrió el correo electrónico, encontró un mensaje que parecía escrito por su propia jefe, con el mismo tono cordial de siempre, pidiendo una confirmación bancaria urgente. Lo que la gerenta no sabía era que detrás de esa redacción estaba funcionando una plataforma con inteligencia artificial diseñada, precisamente, para imitar ese tipo de conversaciones: leían los correos robados de una cuenta, identificaban quién debía dinero y a quién, y armaban el anzuelo con piezas originales.

Qué hacía EvilTokens

Microsoft confirmó esta semana que logró desarticular a EvilTokens, un servicio criminal que ofrecía a sus clientes -generalmente estafadores- un paquete automatizado para cometer fraudes a partir de cuentas de correo electrónico previamente comprometidas (es decir, cuentas a las que los delincuentes ya habían logrado ingresar sin permiso). Lo diferencial es que el sistema no se limitaba a mandar un correo genérico: usaba modelos de inteligencia artificial para revisar los mensajes almacenados en la casilla ajena, resumir el historial de conversaciones, traducir intercambios cuando hacía falta y localizar de manera precisa las operaciones pendientes de pago.

Con ese material, la plataforma le sugería al usuario qué identidad resultaba más conveniente suplantar (es decir, hacerse pasar por esa persona) y, sobre todo, lo ayudaba a redactar el mensaje fraudulento imitando el estilo y los temas de las conversaciones reales. El resultado, para la víctima, era un correo casi indistinguible de uno verdadero, porque estaba construido con sus propias palabras y las de sus interlocutores. Microsoft estima que el servicio comprometió a más de doce mil cuentas de correo en más de diez mil organizaciones alrededor del mundo.

Cómo entraban sin pedir la contraseña

Para hacerse de esas doce mil casillas, los atacantes no necesitaban que nadie les entregara la clave. Utilizaron una variante de phishing (una técnica de engaño digital en la que se hace creer a la víctima que está en una página confiable para que revele sus datos) conocida como phishing por código de dispositivo. El mecanismo es el siguiente: a la víctima le llegaba un mensaje que la derivaba a la página legítima de inicio de sesión de Microsoft; allí, en lugar de tipear su contraseña, el sistema le pedía ingresar un código de autenticación que le había llegado por otro canal; al cargarlo, la persona terminaba autorizando, sin saberlo, una nueva sesión controlada por el atacante.

Lo delicado de este método es que cambiar la contraseña después no garantiza cerrar la puerta. Como la autenticación se basó en un código y no en la clave, queda en la cuenta lo que se conoce como un token de sesión: un permiso digital temporal que el sistema entrega cada vez que se inicia sesión y que permite seguir conectado sin volver a escribir la contraseña. Mientras ese token siga vigente, el acceso permanece abierto aun después de modificar la clave. Por eso, Microsoft recordó que, ante una intrusión de este tipo, hay que revocar además las sesiones activas y bloquear la posibilidad de autenticarse con códigos de dispositivo, privilegiando métodos resistentes al phishing como las llaves FIDO2 (pequeños dispositivos físicos, como una USB, que sirven para identificar al usuario) o las passkeys (llaves digitales almacenadas en el celular o la computadora, atadas a datos biométricos como la huella).

Las excusas que llegaban a la bandeja de entrada

El equipo de Microsoft Security identificó hasta cuarenta y cuatro señuelos distintos. Las campañas apuntaron sobre todo a empresas de distribución mayorista, construcción y servicios financieros, sectores donde el flujo de pagos y transferencias es cotidiano y donde un correo bien armado se confunde con facilidad con la operatoria normal. Aunque en menor medida, también golpearon a organizaciones de salud, educación superior e inmobiliaria.

Cómo se vendía y cómo terminó

EvilTokens se comercializaba por Telegram. El precio de entrada era de mil quinientos dólares y la cuota mensual llegaba a los quinientos, con soporte al cliente y paneles de gestión incluidos, según reconstruyó Microsoft. Era un modelo de crimen como servicio: los compradores no necesitaban saber programar, solamente elegir a quién querían atacar.

La operación que desactivó la plataforma fue conjunta: además del trabajo técnico del equipo de seguridad de Microsoft, hubo dos arrestos en Londres, donde se secuestró parte de la infraestructura. Para empresas y usuarios argentinos, el mensaje de fondo es que la ingeniería social -esto es, el arte de engañar personas para que entreguen un acceso sin darse cuenta- se está apoyando en inteligencia artificial para volverse más precisa y más difícil de detectar. Por eso, en caso de duda, conviene llamar por teléfono a quien aparentemente firma el correo antes de mover un peso, y revisar de inmediato las sesiones activas del correo corporativo cuando algo no cierra. Y si alguien quiere atenderse en persona por este tipo de situaciones, las áreas de ciberseguridad del Banco Central y de la Dirección Nacional de Ciberseguridad reciben consultas de lunes a viernes, de 9 a 18, en sus canales oficiales.

SD
Silvana DuarteSalud y sociedad

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