Amazon ya supera el millón de robots en sus depósitos y, al mismo tiempo, registra más lesiones que el resto del sector
La compañía más robotizada del planeta convive con una plantilla de 1,5 millones de personas y con reportes internos que muestran tasas de accidentes sensiblemente más altas en los centros donde las máquinas se incorporaron al trabajo cotidiano. El caso reabre el debate sobre si la automatización reduce los daños laborales o los desplaza hacia otras tareas.

El nivel de automatización dentro de Amazon atraviesa un umbral que ninguna otra empresa del mundo ha alcanzado en la historia reciente. De acuerdo con el último reporte corporativo de 2025, la compañía superó el millón de unidades robóticas en operación dentro de sus centros de distribución y mantiene, en paralelo, una dotación de más de 1,5 millones de empleados entre personal de tiempo completo y parcial. Para dimensionar el salto, basta repasar los propios anuncios de la firma: la directora financiera adjunta anticipó que la flota de brazos mecánicos se más que duplicará durante este año, en paralelo con la apertura de nuevas plantas en Austin, Texas, y en Greenwood, Indiana.
La expansión que la compañía muestra hacia sus accionistas, sin embargo, no se replica cuando se analizan los registros de seguridad. Una investigación de 18 meses de la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos, concluida en diciembre de 2024, determinó que los depósitos de Amazon registraron en 2023 una tasa de accidentes 28% superior a la de los centros de la empresa que todavía no cuentan con robots, y un 30% por arriba del promedio del resto de la industria logística. Los propios documentos internos divulgados por la firma reconocen esa diferencia, lo que relativiza el argumento de que la automatización constituye, en sí misma, una mejora en las condiciones laborales.
De los carros con ruedas a los brazos con tacto
El camino recorrido por la compañía desde su primer robot hasta la configuración actual explica buena parte del presente. En 2012, Amazon adquirió Kiva Systems, un fabricante de pequeños vehículos con ruedas que acercaban estanterías enteras a los trabajadores en lugar de obligarlos a recorrer pasillos de varios metros. De esa operación nació Amazon Robotics y, con el paso de los siguientes años, modelos como Hércules y Titán, capaces de transportar cargas del tamaño de un piano de cola. Proteo, presentado más tarde, fue la primera plataforma de la empresa diseñada para circular en forma autónoma entre personas, apoyada en sensores que mapean el entorno en tiempo real.
Para ordenar ese tráfico creciente dentro de depósitos pensados originalmente para personas, la compañía desarrolló DeepFleet, un sistema de inteligencia artificial que coordina los desplazamientos internos y que, de acuerdo con las mediciones divulgadas por la propia empresa, redujo en 10% el tiempo de traslado de la flota. El catálogo, además, incorporó brazos con inteligencia artificial diseñados para manipular paquetes. Robin utiliza ocho ventosas para separar bultos de pilas desordenadas; Cardinal puede acomodar paquetes de hasta 22 kilos dentro de carros de despacho; y Sparrow identifica cientos de millones de productos distintos para reponer cajones sin intervención humana. El último en sumarse fue Vulcan, el primer brazo de la firma con sensores de fuerza que le otorgan una forma de tacto y que se prueba desde 2025 en plantas de Spokane, Washington, y de Hamburgo, Alemania, con un plan de expansión previsto para 2027.
“El objetivo que planteamos es que las máquinas asuman las tareas de mayor riesgo físico.”Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics
La declaración del ejecutivo choca, sin embargo, con los registros de lesiones. Scott Dresser sostuvo que la automatización apunta a sacar a las personas de los movimientos repetitivos y del manejo de cargas pesadas. Pero el informe del Senado estadounidense describió que la tasa más alta de accidentes se registró precisamente en los depósitos con mayor densidad de robots, donde las lesiones por esfuerzo repetitivo, los esguinces y los golpes con maquinaria siguen figurando entre las principales causas de baja. El cuadro abre un interrogante que excede a Amazon: la robotización, al menos en el formato implementado por la compañía, no elimina los riesgos físicos, sino que los reconfigura, y en muchos casos los concentra en tareas que las máquinas todavía no pueden ejecutar.
- Verificar en cada depósito asignado cuántos robots operan por metro cuadrado y qué tareas quedan reservadas para el personal humano.
- Consultar los registros internos de accidentes y compararlos con los del promedio del sector antes de aceptar la narrativa de que la automatización reduce, en forma automática, los riesgos laborales.
- Revisar los convenios colectivos y los protocolos de pausa, rotación y levantamiento de carga, ya que la reorganización del trabajo suele correr más rápido que la actualización de esas normas.
- Exigir a las autoridades laborales informes públicos con datos desagregados por centro, por tipo de lesión y por densidad de robots, para que el debate deje de apoyarse en comunicados corporativos.
Qué puede hacer el lector frente a este escenario
Para quienes trabajan o buscan trabajo en el sector logístico, la discusión deja algunas recomendaciones concretas. El primer paso es informarse sobre el historial de seguridad del centro de distribución al que se postula o al que ya pertenece el trabajador, ya que la tasa de accidentes varía de manera significativa entre establecimientos con distinto nivel de automatización. El segundo es verificar si la empresa publica datos desagregados por tipo de lesión y por antigüedad del personal, dado que la opacidad suele ser la regla en este tipo de mercados. Y el tercero, en línea con lo que señalan distintos organismos de control, es no aceptar la automatización como un dato neutro: cada nuevo modelo implementado reconfigura tareas, ritmos y exigencias, y merece ser evaluado con la misma seriedad con la que se evalúa cualquier cambio en las condiciones de empleo.
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