Cuando un coágulo en la pierna se vuelve una urgencia: las cuatro pistas del cuerpo que no conviene dejar pasar
Hinchazón, dolor, cambio de color y calor localizado pueden anticipar una trombosis venosa. Hay etapas de la vida —el embarazo, la menopausia, el uso de anticonceptivos— en las que el riesgo se modifica, y un cardiólogo italiano advierte que sentirse bien no equivale a estar a salvo.

La sala de espera del consultorio estaba casi vacía esa mañana de martes, con ese silencio espeso que solo se interrumpe cuando alguien carraspea o pasa una hoja de revista. En una de las sillas, una señora de unos cincuenta y tantos se acomodaba la media del lado izquierdo con una mueca que delataba dolor; del otro lado, una chica joven se tocaba la pantorrilla con la misma expresión de fastidio. A las dos les terminé preguntando qué les pasaba, como hacemos cuando el cuerpo nos pone sobre aviso y nosotros, distraídos, hacemos como si nada. Las dos habían llegado hasta ese consultorio empujadas por una de esas señales que el cuerpo repite hasta que alguien las escucha: una pierna hinchada, un dolor que no cede, una zona que se pone caliente y cambia de color.
Esas son, justamente, las cuatro pistas físicas que el cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco describe como señales de posible trombosis venosa: dolor o sensibilidad en una pierna (especialmente en la pantorrilla o en el muslo), hinchazón, cambios en el color de la piel (que puede verse roja, azulada o más oscura de lo habitual) y sensación de calor en la zona afectada. Que aparezcan no equivale a un veredicto, pero sí a una indicación clara de que hay que sentarse frente a un profesional para descartar un coágulo, porque la trombosis venosa profunda, cuando se forma un coágulo en una vena profunda, generalmente de las piernas, es una afección potencialmente mortal pero prevenible.
Qué pasa cuando el coágulo se desplaza
El problema más grave aparece cuando ese coágulo se desprende y viaja hasta los pulmones: allí puede provocar una embolia pulmonar, una complicación que puede ser fatal y requiere atención de emergencia. Por eso Lo Monaco insiste en que, ante síntomas como falta de aire súbita, dolor en el pecho que se intensifica al respirar, tos con sangre o pérdida del conocimiento, corresponde llamar a emergencias de inmediato, sin esperar a que se calmen o se explique solos. Cada minuto, en ese cuadro, cuenta.
- Haber tenido un coágulo previamente.
- Tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia (una predisposición genética a formar trombos).
- Fumar.
- Pasar períodos prolongados con movilidad reducida, como después de una cirugía o durante viajes largos.
- Convivir con enfermedades como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer.
Tres momentos de la vida de la mujer que cambian el riesgo
En la vida de las mujeres, hay tres etapas que merecen atención particular. El uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno se asocia a un incremento del riesgo, aunque para la mayoría es bajo. El embarazo y el posparto representan un período de mayor vulnerabilidad, porque el organismo activa mecanismos para prevenir el sangrado excesivo durante el parto y, al hacerlo, favorece la coagulación. La terapia hormonal que se utiliza para tratar síntomas de la menopausia también puede elevar el riesgo cuando incluye estrógeno. Son situaciones muy distintas entre sí, pero coinciden en algo: en todas conviene conversar con el profesional de cabecera antes de empezar, suspender o reemplazar cualquier tratamiento.
“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo
El especialista subraya, además, que los riesgos no son fijos a lo largo de la vida: el embarazo, los tratamientos hormonales y los cambios en la movilidad pueden modificarlos, de modo que el consejo más adecuado varía según la historia clínica de cada persona. Quienes tienen antecedentes personales o familiares de problemas de coagulación son, por eso, quienes más necesitan un seguimiento médico regular y un mapa propio de alertas. La tromboembolia venosa, en definitiva, no avisa con un grito: avisa con cuatro pistas discretas, repetidas, y con un cuerpo que pide, con insistencia, que alguien las lea antes de que sea tarde.
Para atenderse en la ciudad de Buenos Aires y surroundings, los centros de guardia de los hospitales públicos funcionan las 24 horas para casos de embolia pulmonar; en tanto, los consultorios de cardiología y hematología atienden de lunes a viernes, en general entre las 8 y las 17, y algunos centros privados extienden su horario hasta las 20. La línea del SAME (107) y las guardias de clínicas y sanatorios permanecen activas todos los días, también los fines de semana, para los síntomas de alarma.
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