De hongos, caminantes y cerebros: tres ficciones para pensar la supervivencia después del apocalipsis
The Last of Us, The Walking Dead e iZombie comparten el ADN del género zombi, pero lo exploran desde lugares muy distintos: el videojuego que se vuelve serie, el cómic que se volvió fenómeno global y la comedia criminal con cerebro de protagonista.

A veces el aire de una redacción huele a café recalentado y a medialunas de hace rato, y uno se sienta a escribir sobre el fin del mundo como si fuera lo más natural del mundo. Y en cierto modo lo es: las ficciones de zombis llevan décadas poblando nuestra imaginación, y cada tanto vuelven con una vuelta de tuerca. Lo cuentan los creadores de The Last of Us, Neil Druckmann y Craig Mazin, que adaptaron para la televisión los videojuegos del propio Druckmann. La pareja protagónica la encabezan Pedro Pascal y Bella Ramsey, y lo que distingue a esta historia es que el apocalipsis no llega por un virus clásico, sino por un hongo. Así, los infectados dejan de ser una referencia obvia al cine de George A. Romero para sumar un condimento que a mí, personalmente, me dio algo de escalofríos en la primera escena que vi.
La serie no se queda solo en la amenaza biológica. Me pasó, mientras investigaba para esta nota, que varios colegas me dijeron lo mismo: lo que más los enganchó no son los infectados, sino las decisiones de los que sobreviven. Qué están dispuestos a hacer, hasta dónde llega ese instinto de protección, y cómo ese impulso termina condicionando cada paso. Esa pregunta ética, la de la humanidad cuando se cruza con la desesperación, es la que le abre la puerta a una comparación inevitable con The Walking Dead.
Caminantes que se miran entre sí
The Walking Dead nació como cómic de Robert Kirkman y Frank Darabont la llevó a la televisión con un elenco que se hizo enorme con el paso de los años: Andrew Lincoln, Norman Reedus, Melissa Suzanne McBride, Lauren Cohan, Danai Gurira y Steven Yeun, entre otros. La serie, y sus derivadas, retomaron la tradición del muerto viviente que viene desde Romero y la estiraron en una narración larga, casi geológica, sobre un mundo atravesado por una amenaza que no distingue entre muertos y vivos. La diferencia con The Last of Us está en el tono: acá el horror se cocina a fuego lento, con personajes que uno aprende a querer para después ver cómo se quiebran.
Cuando el cerebro entra en la mesa
Para los que quieran algo menos apocalíptico y más liviano, iZombie ofrece una vuelta de género que a mí me arrancó más de una sonrisa. La creó Rob Thomas y la protagonizan Rose McIver, Malcolm Goodwin y Rahul Kohli. La premisa es de esas que conviene leer despacio: una joven que se vuelve zombi termina trabajando en una morgue, comiendo cerebros de víctimas de asesinato, y descubre que cada cerebro le deja visiones que sirven para resolver crímenes. El género, entonces, se cruza con el policial y con la comedia, y la convivencia entre humanos y no tan humanos se vuelve una excusa para algo más liviano, sin perder del todo el vértigo.
Las tres ficciones tienen algo en común: usan la amenaza zombi para contar algo distinto. The Last of Us la lleva al terreno del videojuego y de la adaptación, con un hongo como motor del miedo. The Walking Dead la estira durante años y la convierte en una saga sobre cómo nos organizamos cuando la civilización se cae a pedazos. iZombie, en cambio, le baja el dramatismo y la mezcla con el humor negro. Tres formas distintas de mirar el mismo monstruo, y a esta altura uno se pregunta de qué lado le gusta pararse al público argentino: si del hongo, del caminante o del cerebro servido en bandeja.
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