Dos preguntas para distinguir el deseo propio del mandato ajeno, según un filósofo de la Universidad de Emory
Ira Bedzow, doctor en Filosofía y director del Emory Purpose Project, propone un ejercicio breve para revisar de dónde vienen las decisiones cotidianas y por qué a veces cuesta tanto cambiar de rumbo.

Yo vengo de un pueblo del norte chaqueño donde las decisiones importantes se consultan antes con la abuela, después con la madre, y recién al final, si queda tiempo, uno termina opinando algo. Por eso, cuando leí el planteo del filósofo Ira Bedzow sentí que alguien había puesto en palabras algo que en las comunidades originarias del Impenetrable chaqueño se sabe de memoria, aunque con otras formas de decirlo: la diferencia entre vivir la vida que te tocó y vivir la vida que vos mismo elegiste. Bedzow, doctor en Filosofía y director ejecutivo del Emory Purpose Project, en la Escuela de Medicina de la Universidad de Emory, en Estados Unidos, lo resume en dos preguntas que parecen simples y que, sin embargo, obligan a detenerse: de quién es la vida que estás viviendo y quién debería determinar cómo vivís.
El ejercicio, aclaró Bedzow en diálogo con medios especializados, no es un llamado a encerrarse en la propia subjetividad ni a despreciar lo que opinan los demás. Todo lo contrario: la autorreflexión a la que invita apunta a examinar las razones por las que elegimos lo que elegimos, considerar alternativas y aprender de los resultados. No se trata de mirarse el ombligo, insistió, sino de separar los deseos genuinos de las presiones familiares, sociales y culturales que muchas veces operan sin que la persona lo advierta.
De quién es la vida que se vive y quién decide cómo se vive
La primera pregunta, la de quién es la vida que se está viviendo, suele recibir una respuesta inmediata. La mayoría contesta rápido que es suya, o que al menos eso cree. La segunda, en cambio, incomoda. Porque pregunta quién debería determinar cómo se vive, y eso obliga a reconocer que el rumbo no está fijado de antemano por nadie más, aunque a veces parezca que sí. Es más fácil conocer el camino correcto que se supone que debés tomar que pensar que debés inventar ese camino por vos mismo, señaló Bedzow. Esa comodidad, advirtió, puede llevar a vivir según un guión ajeno sin haberlo elegido en forma consciente.
Bedzow marca una diferencia clave entre recibir perspectivas externas y entregarles el control. Hablar con un colega sobre una oferta laboral, o escuchar a un amigo que cuestiona una suposición sobre una relación de pareja, puede abrir aspectos que uno no había considerado. La cuestión central es quién toma la decisión final y desde qué criterios la toma. Cuando la decisión queda en manos del otro, el resultado se vive como obligación; cuando queda en las propias, se vive como autoría, aunque duela o cueste.
Para mí, que vengo de El Sauzalito y escucho de cerca a familias qom, wichí y criollas del paraje, la propuesta de Bedzow se traduce en algo muy concreto: la comunidad pide que cada persona pueda responder por sí misma a esas dos preguntas, sin que la respuesta le venga dictada ni por el cacique, ni por el patrón, ni por el Estado, ni por la iglesia. La comunidad pide que esas respuestas se construyan en un marco de respeto, con tiempo para conversar, y que las instituciones que la rodean, desde el hospital de El Sauzalito hasta la escuela bilingüe del paraje, estén a la altura de acompañar decisiones que no siempre coinciden con el molde que vino de afuera. Al final, de eso se trata: de poder decir, con argumentos propios, de quién es la vida que se vive y quién decide cómo se vive, y de que esa respuesta no quede atada a un guion ajeno.
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