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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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Humboldt, el basset hound que se sienta en el barro patagónico y le cambia la jornada a los científicos

Acompañado por Alex Tersoglio y su hija Kenia, el perro de dos años rastrea fauna silvestre en parques nacionales y ahora se entrena para detectar un parásito que amenaza a peces nativos de la región.

NC
Norma CharoleComunidades y derechos · · 5 min de lectura
Humboldt, el basset hound que se sienta en el barro patagónico y le cambia la jornada a los científicos

En Villa La Angostura, donde el bosque patagónico todavía guarda los secretos que dejaron los pueblos mapuches y tehuelches antes de la llegada del hombre blanco, un basset hound de dos años llamado Humboldt aprendió a hacer algo que parece sacado de una novela pero que ya es rutina para los guardaparques de la zona: detenerse en medio de la nada, fijar la nariz en un punto aparentemente vacío y luego cruzar la mirada con su compañero humano como diciendo acá hay algo. Esa señal silenciosa, que no es más que un gesto de trabajo heredado de Darwin, el perro que la misma familia tuvo antes y que participó en tareas similares hasta su muerte, es la confirmación de que Humboldt acaba de encontrar un rastro de fauna silvestre que ningún ojo humano hubiera advertido.

Un olfato entrenado para lo que el ojo no ve

Trabajar con Humboldt exige entender que su herramienta principal no son las patas sino la nariz. Alex Tersoglio y Kenia Tersoglio, su hija, lo cuentan con la paciencia de quien aprendió a leer cada gesto del animal durante años de entrenamiento: el perro está capacitado para reconocer pequeñas moléculas de olor que provienen, por ejemplo, de materia fecal de especies difíciles de detectar, una capacidad que vuelve cada recorrida por el Parque Nacional Nahuel Huapi, por el Parque Nacional Lanín o por las áreas donde se mueve el equipo en la Patagonia argentina, en una búsqueda más rápida y precisa que cualquier metodología tradicional. Lo que para una persona es paisaje vacío, para Humboldt es un mapa de señales químicas que todavía la ciencia está empezando a descifrar.

  • Huillín, también conocido como nutria de río, una de las especies más amenazadas del sur argentino.
  • Huemul, el ciervo nativo que da nombre a decenas de iniciativas de conservación en Patagonia.
  • Gato huiña y gato montés, pequeños felinos que pasan inadvertidos incluso para los guardaparques más experimentados.
  • Puma, el gran mamífero que Humboldt también logra identificar a partir de sus rastros.
  • Visón, especie invasora cuya detección rápida resulta clave para proteger a los ecosistemas acuáticos que comparten con el huillín.

La marcación pasiva, un lenguaje a tres

Cuando Humboldt identifica lo que busca, no ladra ni rasguña la tierra: se sienta, apunta con el hocico y sostiene el contacto visual con Alex, un modo de marcación pasiva que evita romper el entorno y que convierte a cada hallazgo en una conversación silenciosa entre el perro, su dueño y los investigadores presentes. Si el punto exacto del rastro es difícil de precisar, Alex da la orden show me, en inglés, y el animal vuelve a acercar el hocico al lugar donde la molécula de olor quedó pegada. En los tramos del recorrido donde las piedras o las espinas impiden que se siente, el procedimiento se repite igual: Humboldt se queda parado, totalmente inmóvil, y repite la mirada cómplice con su guía hasta que el equipo interpreta la señal y anota el punto. Esa manera de trabajar, que Alex y Kenia pulieron a lo largo de los meses, es la herencia directa de Darwin, el perro anterior de la familia, a quien el ecosistema científico de la Patagonia todavía recuerda como un colaborador infatigable.

Ahora bien, lo más ambicioso del proyecto en el que se embarcó la familia Tersoglio excede a los mamíferos terrestres. Humboldt está siendo entrenado para detectar un parásito que afecta a peces nativos de la región, un objetivo que, de cumplirse, podría convertirse en un antes y un después para los laboratorios que hoy tardan días en confirmar la presencia del agente infeccioso en el agua. La estrategia es progresiva: en una primera etapa se intenta que el perro reconozca la huella química del parásito en muestras de agua, mientras que, en una segunda instancia, la apuesta es mucho más fina, porque la idea es que logre identificarlo dentro del propio caracol que oficia de portador, una precisión que ningún equipo de campo había soñado hasta ahora. En paralelo, existe un interés concreto del Parque Nacional Los Alerces en sumar al basset hound a los trabajos de detección de huillín y huemul que ya están en marcha, lo que ampliaría todavía más la lista de áreas protegidas que el equipo recorre en calidad de colaboradores voluntarios.

Lo que se pone en juego cuando Humboldt se detiene en el bosque patagónico y mira a los ojos de Alex Tersoglio es, en definitiva, una manera de hacer ciencia donde la tecnología más poderosa cabe dentro de un hocico húmedo, y donde una familia de Villa La Angostura, que nunca cobró por este trabajo, sostiene un legado que va de Darwin a Humboldt con una sola idea fija: que la comunidad mapuche, tehuelche y criolla que habita estas tierras vuelva a tener herramientas efectivas para cuidar a los huillines, los huemules, los gatos huiña, los gatos montés, los pumas y los peces nativos que dan nombre a esta parte de la Argentina. La comunidad, en lo inmediato, pidió que se visibilice el proyecto y que se evalúe la incorporación del perro en más áreas protegidas del Parque Nacional Los Alerces; los investigadores y guardaparques, en tanto, respondieron que están dispuestos a sumarlo a las campañas de campo apenas termine la etapa de entrenamiento. La pelota, ahora, está del lado de quienes tienen que decidir cómo se financia un trabajo que hasta hoy se sostuvo, casi en silencio, con el esfuerzo voluntario de Alex y Kenia.

NC
Norma CharoleComunidades y derechos

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