El retiro corporativo que termina en guerra fría y se rie muy bien de eso
La película española "Gracias, equipo" llega al catálogo de Netflix con Alexandra Jiménez al frente y la fórmula clásica de juntar a gente incompatible en un mismo lugar: en este caso, un hotel donde se desmorona la cordialidad apenas aparece la palabra despidos.

Lo primero que se siente al caer en "Gracias, equipo" no es una imagen ni una palabra: es ese perfume a shampoo institucional y a café recalentado que suelen tener los retiros de empresa en cualquier hotel cuatro estrellas del conurbano, ese olor a jornada paga que te dice, sin decírtelo, que alguien está intentando motivar a la tropa con wi fi libre y sábanas blancas. Esa pequeña incomodidad inicial, esa sospecha de que el programa de actividades tiene más agujeros que una media, es exactamente la puerta de entrada que eligió Diego Núñez Irigoyen para su nueva comedia, la que Netflix estrena este viernes y que tiene a Alexandra Jiménez como cara visible de un elenco pensado para funcionar como una orquesta donde a cada músico le dieron un instrumento desafinado a propósito.
La premisa es de manual: una compañía organiza un retiro corporativo con la promesa de fortalecer el trabajo en equipo, y los empleados descubren, casi de manera simultánea, que ese espíritu de cuerpo tan lindo es la antesala de una ola de despidos. A partir de ahí, lo que podría haber sido un drama áspero sobre ansiedad laboral se convierte, gracias al guion de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor (los mismos que escribieron "Fariña"), en una comedia de situación de ritmo parejo que no necesita exagerar la nota para hacer reír.
Una galería de arquetipos que no caen en la caricatura
- La competidora obsesiva que mide todo como si fuera una final de Wimbledon.
- El jefe que se hace el buenazo hasta que la pantalla le muestra lo que de verdad piensa.
- El compañero odioso pero querible que todos tenemos y al que nadie se anima a jubilar.
- La persona razonable del grupo, que termina pagando el costo de ser la única cuerda en un coro de desquiciados.
Lo que más me gustó, y lo digo desde la butaca del que vio la función completa en una sala de prensa con pochoclo de cortesía, es que la competencia entre los empleados no escala de golpe: va subiendo de a poco, como cuando una discusión de pasillo empieza con un "che, me parece" y termina con la llave de la oficina adentro de un vaso de yogur. Los personajes se mantienen fieles a sí mismos durante toda la historia y eso, en una comedia de personajes, es medio camino andado: uno les toma cariño, se ríe de sus miserias y, cuando llega el desenlace, algo previsible pero honesto, lo acepta como se acepta el final de una sobremesa larga con amigos.
“Yo había ido a un retiro corporativo parecido en 2019, y la parte más de la película es esa conversación de pasillo donde todos fingen que no saben nada mientras se pasan datos por WhatsApp.”Milagros Paredes
Alexandra Jiménez se lleva el peso de la historia con esa mezcla de comedia y drama que parece innata en ella: maneja la ironía sin endurecerla y cuando la historia le pide un registro más humano, lo entrega sin pedir permiso. Núñez Irigoyen, que ya había probado que sabe mover un grupo grande cuando codirigió la primera temporada de "División Palermo", vuelve a demostrar que prefiere contar con claridad antes que lucirse con golpes de efecto, y eso es una decisión de director que, en el género, no es tan común como parece.
La película no viene a descubrir nada nuevo sobre la toxicidad laboral ni a dictar cátedra sobre cómo se portan las personas cuando les tiembla el sueldo. Sí se permite, eso sí, una mirada moderadamente crítica sobre eso que tantas veces vimos: equipos que se dicen "familia" hasta que aparece el telegrama. Es una lectura liviana, complaciente para los que buscamos pasar el rato sin pensar en el recibo de sueldo ajeno, y lo suficientemente filosa para dejar una pequeña incomodidad después de los títulos finales, esa molestia chica que te lleva a preguntarte, camino a la cocina, cuántos retiros corporativos propios te hiciste el haragán mientras el resto del equipo se peleaba por quedar bien con el jefe.
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