La hipótesis del amor: cuando la ciencia se cruza con un corazón que se hace el distraído
Lili Reinhart y Tom Bateman protagonizan la adaptación de la novela de Ali Hazelwood, una comedia romántica que nació como fan fiction de Star Wars y terminó en Prime Video con guiños incluidos para los fans de la saga.

A veces una peli empieza con un ruido que ya te avisa en qué territorio te estás metiendo. En este caso fue el tintineo de una copa en un bar medio lleno, ese sonido a hielo golpeando vidrio que parece el preludio perfecto para cualquier historia de amores cruzados. Ahí, en medio de una conversación que nadie pidió pero todos necesitábamos, una amiga me dijo: «Mirá La hipótesis del amor, te va a hacer bien». Y la verdad es que tenía razón, aunque no por las razones que uno imagina cuando alguien le tira el nombre de una comedia romántica cualquiera.
La película que acaba de desembarcar en Prime Video adapta la novela de Ali Hazelwood y tiene a Lili Reinhart como Olive Smith, una estudiante de biología que, harta de ver cómo su mejor amiga le gana en el amor, decide probar una teoría un poco desesperada: demostrar que las relaciones reales son una pérdida de tiempo, fabricando una relación falsa con el tipo menos indicado del campus. Ese tipo es Adam Carlsen, al que todos llaman Doctor Malvado porque enseña como si le debieran dinero y mira a los alumnos como si fueran planillas de Excel con errores. Lo encarna Tom Bateman, con esa pinta de inglés que parece siempre a punto de decir algo cruel pero elegante.
De fan fiction a bestseller, con escala en una galaxia muy lejana
Lo que no todo el mundo sabe, y a mí me voló la cabeza cuando lo averigüé, es que esta historia no empezó como novela. Empezó como fan fiction de Star Wars, con Rey y Kylo Ren como protagonistas. Hazelwood escribió la primera versión con esos personajes, los subió a una plataforma de lectura online y, cuando el texto explotó en lecturas y comentarios, decidió reversionarlo para publicarlo como libro. Cambió los nombres, ajustó el escenario de una galaxia lejana a un laboratorio universitario, pero dejó un guiño casi secreto: el Adam de la novela se llama Carlsen como pequeño homenaje a Adam Driver, el actor que le puso el cuerpo a Kylo Ren. Un detalle que, si sos fan de la saga, te dibuja una sonrisa sola en el sillón.
La película, dirigida por Claire Scanlon —la misma de Cómo deshacerte de tu jefe, otra comedia pensada para pasar el rato sin culpas—, conserva ese ADN de origen y lo lleva a la pantalla con dos momentos musicales bien concretos: el tema de Kylo Ren compuesto por John Williams suena en dos escenas clave, como un recordatorio de dónde nació todo esto. Es un guiño para los que saben, invisible para los que no. A mí, que caí de casualidad, me encantó enterarme y entender por qué esa música me sonaba tan cargada de intención.
- El acuerdo entre Olive y Adam es la excusa perfecta para que dos personas que no se bancan terminen compartiendo departamento emocional sin querer.
- La química entre Reinhart y Bateman funciona porque los dos juegan a parecer desinteresados mientras la cámara insiste en mostrar todo lo contrario.
- El ritmo es clásico del género: enredos, malentendidos, escenas donde la protagonista se escuda en la ciencia para no admitir lo que siente.
- El humor no se vende de prepo: aparece en los diálogos, en las reacciones de los secundarios y en ese elenco de doctorandos que parece sacado de una sitcom de investigadores.
- La pregunta de fondo, la que sostiene la peli de punta a punta, es vieja como el mundo: ¿se puede fingir tanto un amor que al final termine siendo de verdad?
En lo personal, y se los confieso porque para eso estamos, me enganché con esta peli una noche de esas en las que uno llega cansada, abre la plataforma sin expectativas y termina sonriendo sola en el sillón. No inventa nada nuevo, no va a cambiar tu vida ni te va a dar una clase de cine, pero cumple con esa función noble de las comedias románticas bien hechas: te saca un rato del mundo y te devuelve un poco más liviana. La dirige Claire Scanlon con oficio, la protagonizan dos actores que se bancan el elenco entero, y el libro que la sostiene ya era un fenómeno antes de llegar a la pantalla. A veces, justamente, las historias que nacen como un capricho de fan terminan siendo las que más conectan con el público, porque están escritas desde el entusiasmo y no desde el cálculo. Y a mí, que vengo de cubrir estrenos donde la pirotecnia visual tapa el corazón de la historia, eso me sigue pareciendo una pequeña victoria.
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