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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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Las hermanas Owen vuelven a conjurar: "Prácticamente magia 2" deja la puerta abierta a una tercera entrega

La secuela con Nicole Kidman y Sandra Bullock resuelve la amenaza de Tom Bailey y la maldición de Frances, pero deja varios hilos narrativos sin cerrar. Una periodista cinematográfica analiza qué quedó en el aire y por qué una tercera parte suena cada vez más posible.

MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Las hermanas Owen vuelven a conjurar: "Prácticamente magia 2" deja la puerta abierta a una tercera entrega

Lo primero que sentí al acomodarme en la butaca del cine fue ese aroma dulzón a pochoclo recién hecho que se mezcla con el silencio ansioso de la sala antes de que las luces se apaguen, y esa mezcla me devolvió de inmediato a la última vez que vi a las hermanas Owen en pantalla grande, allá por 1998, cuando era una chica que recién empezaba a fijarse en los detalles de un guion. Por eso, cuando hace unos días me senté a ver "Prácticamente magia 2", la nueva secuela que reúne a Nicole Kidman y Sandra Bullock después de casi treinta años, lo hice con la expectativa de quien vuelve a un pueblo del que se fue de joven y quiere ver cómo cambió la plaza, cómo están los mismos árboles y qué caras nuevas se sentaron en los bancos.

La película llega en un momento particular para la franquicia: la entrega original, dirigida por Griffin Dunne y basada en la novela de Alice Hoffman, había quedado como un objeto de culto noventoso hasta que las plataformas de streaming le dieron una segunda vida y la convirtieron en descubrimiento obligado para una generación que la vio en el celular más que en el cine. Esa nueva camada de público fue, en buena medida, la que empujó a Warner a producir esta segunda parte, que retoma a las hermanas Owen justo donde la fantasía y el drama familiar se cruzan de la manera más incómoda posible.

Un pariente sin magia y una maldición que vuelve

El conflicto de esta secuela tiene dos ejes que corren en paralelo y que se resuelven al mismo tiempo. Por un lado, la aparición de Tom Bailey, un pariente lejano de las Owen que llega sin ningún tipo de poder mágico pero con una cuenta pendiente muy concreta: quiere quedarse con el libro de hechizos de la familia. Su plan no prospera y el clan lo termina neutralizando con un conjuro colectivo, en una de esas escenas corales donde la cámara se aleja y muestra a varias generaciones trabajando juntas, algo que la película anterior nunca se había animado a filmar. Esa resolución funciona como cierre del arco externo, el del villano que aparece, amenaza y cae.

El otro eje es el más pesado emocionalmente y se desarrolla en Massachusetts, lejos del aquelarre principal. Frances, la matriarca, descubre que para romper la maldición que condena a morir a los hombres que aman las mujeres de su sangre hace falta un sacrificio personal de quien la sufre. Ella elige pagarlo, y ese sacrificio tiene una consecuencia inmediata: Gideon, el novio de Kylie que llevaba un tramo largo de la historia en coma, despierta. Es el momento más cargado de la película, el que justifica los casi treinta años de espera para volver a ver a estas actrices juntas, y también el que le devuelve al filme algo de la tristeza cotidiana que tenía la entrega de los noventa, esa melancolía de pueblo chico donde la magia no soluciona todo sino que más bien convive con la pena.

Los hilos que quedaron sin atar

Pero lo más interesante de "Prácticamente magia 2" es lo que decide no cerrar. Después del sacrificio de Frances y del casamiento de Kylie con el recién despertado Gideon, la película entra en una zona de reconstrucción familiar: Sally rehace su vida sentimental junto a Ian, un personaje nuevo que aparece en esta entrega como una especie de oxígeno emocional para la hermana más conflictiva del clan, y las integrantes más jóvenes de la familia, entre ellas la propia Kylie, empiezan a tantear sus poderes, como si recién ahora se autorizaran a probar qué pueden hacer con esa herencia que les toca. La película no tiene escena poscréditos, no apela al truco del cliffhanger brutal, pero deja varios arcos a medio camino.

Yo salí del cine con la sensación de que había visto un cierre a medias, algo que no me pasó con la primera entrega, que se sentía completa pese a su tono de película contenida. Esta segunda parte es más ambiciosa en su reparto, más coral en sus escenas de magia y más emotiva en sus resoluciones, pero se guarda dos o tres cartas en la manga para una eventual tercera película, y eso se nota, sobre todo, en lo que no se dice sobre Gillian.

Ahora bien, ¿hace falta una tercera parte para cerrar lo que esta deja abierto, o el final tal como está ya alcanza como mensaje sobre los ciclos familiares que se reabren una y otra vez? Depende desde dónde se mire. Si uno lee la saga como una saga sobre la herencia y el aprendizaje, lo que muestra la secuela es más que suficiente: hay una maldición que se rompe, hay una nueva generación que empieza a caminar y hay una familia que vuelve a sentarse a la mesa. Si uno la lee como una saga sobre Gillian en particular, ahí queda un agujero grande, un personaje al que la película le concede escenas sueltas pero no le termina de pagar el viaje. Personalmente, y aunque me tiente la idea de pedir un capítulo más, creo que la mejor manera de honrar a estas hermanas Owen es dejar que la magia que ya conjuraron les siga obrando sola, sin obligarlas a una tercera vuelta que podría terminar gastando lo que esta segunda parte tan bien construyó.

MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos

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