Qué poner al lado del huevo para cuidar el corazón: la cocina como aliada silenciosa
Verduras, avena, palta y papa con piel cambian la composición del plato y suman fibra, potasio y grasas que favorecen la presión y el colesterol. La sal, la manteca y los fiambres pueden jugar en contra si no se moderan.

Me imagino la escena de una cocina de casa, apenas entrando el mediodía, con una sartén todavía tibia sobre la hornalla y un plato recién servido sobre la mesa. Es una imagen que, multiplicada por miles de hogares argentinos, resume una costumbre muy nuestra: el huevo como centro de la comida, rodeado por lo que haya en la heladera. Y es justamente ahí, en lo que se pone al lado, donde se juega una parte importante del cuidado cardiovascular. Preparar huevos con verduras, cereales integrales y grasas insaturadas permite sumar nutrientes vinculados con la salud del corazón, mientras que la cantidad de sal y la presencia de fiambres o manteca pueden inclinar la balanza en sentido contrario. Lo que se sirve junto al huevo no es un decorado: es parte del plato.
La idea parece sencilla, pero tiene su explicación. Una comida con huevo puede tener una composición muy distinta según los acompañamientos: las verduras, la avena o la palta aportan nutrientes diferentes de los que predominan en los fiambres y la manteca. Para cuidar la presión y el colesterol, conviene mirar el conjunto de la preparación, incluida la sal que se usa al cocinar y al condimentar.
La sal como punto de partida
En la cocina de todos los días, una opción práctica es preparar los acompañamientos hervidos, al vapor o al horno y darles sabor con hierbas aromáticas, especias o jugo de limón. Son recursos simples que permiten reducir el uso del salero sin resignar sabor. La papa cocida con piel aporta potasio y fibra, mientras que la espinaca permite incorporar ambos nutrientes sin recurrir a salsas procesadas. El potasio cumple una función complementaria al control de la sal: favorece la eliminación de sodio por los riñones y la relajación de las paredes arteriales (es decir, los vasos sanguíneos que llevan la sangre desde el corazón al resto del cuerpo).
En ese punto aparece un dato que la Organización Mundial de la Salud repite hasta el cansancio: el consumo elevado de sal aumenta la retención de agua en el aparato circulatorio y, con el tiempo, eleva la presión arterial. Por eso, sumar vegetales y moderar el sodio son decisiones que se retroalimentan: una ayuda a la otra.
El colesterol: mirar más allá de la yema
Cuando se habla de huevo y colesterol, el instinto suele ser sacar la yema. Pero la lectura actual es más sutil. La Escuela de Salud Pública de Harvard señala que el colesterol presente en la yema tiene un impacto reducido sobre los lípidos sanguíneos (las grasas que circulan en la sangre, como el colesterol y los triglicéridos) en personas sanas. Lo que sí pesa es el resto del plato: la fibra soluble de la avena puede ayudar a disminuir el colesterol LDL, conocido como colesterol malo. La explicación está en el proceso digestivo: el beta-glucano de la avena, un tipo de fibra que se vuelve gelatinosa en contacto con el líquido, forma una sustancia viscosa que favorece la eliminación de sales biliares (sustancias que el cuerpo usa para digerir las grasas), según Mayo Clinic. Para reponerlas, el hígado utiliza colesterol presente en la sangre. Ese aporte de fibra, aclaran los especialistas, cobra sentido dentro de un patrón alimentario sostenido en el tiempo, no como un episodio puntual.
- Verduras y papa con piel: suman potasio y fibra, nutrientes que colaboran con el control de la presión arterial.
- Avena: aporta fibra soluble que favorece la reducción del colesterol LDL.
- Salmón y palta: reemplazan manteca y fiambres con grasas insaturadas; el salmón, además, aporta omega tres, un tipo de grasa que ayuda a bajar los triglicéridos.
- Hierbas, especias y limón: permiten dar sabor y reducir el uso de sal.
También importa qué grasas acompañan al huevo. Reemplazar manteca y embutidos por opciones con grasas insaturadas, como palta o salmón, mejora la composición de la comida. El salmón aporta, además, ácidos grasos omega tres, que contribuyen a reducir los triglicéridos (un tipo de grasa que, elevada en sangre, aumenta el riesgo cardiovascular).
“La elección de ingredientes y condimentos permite ajustar el plato cotidiano sin grandes esfuerzos, con cambios chicos que, sumados, hacen diferencia.”Silvana Duarte
Al final, la pregunta que queda flotando en el aire es casi una invitación a revisar la propia heladera: qué acompañamientos usamos habitualmente cuando preparamos huevos. Y, sobre todo, con qué frecuencia dejamos que la sal, la manteca o el fiambre sean la respuesta más fácil. Cambiar un acompañamiento por otro no exige grandes reformas: alcanza con tener a mano una papa, un puñado de espinaca, unas cucharadas de avena o media palta para empezar a mover la aguja. En la Argentina, donde el plato de huevo del mediodía es casi un ritual, esos ajustes cotidianos pueden convertirse en una herramienta cotidiana de prevención. Para profundizar, se puede consultar a un nutricionista en centros de salud públicos, hospitales y obras sociales, en general de lunes a viernes de 8 a 14 horas, según la jurisdicción.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

La tiroides y su impacto en la salud de la mujer: de la adolescencia a la menopausia


