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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Voces del Impenetrable

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Hidratación con fundamento: por qué el agua alcanza para el día a día y qué se necesita cuando el cuerpo pierde más de la cuenta

Las sales de rehidratación oral no se comparan con una bebida deportiva: la OMS y Unicef las recomiendan para diarreas, mientras que el agua, sumada a una alimentación variada, suele ser suficiente en la rutina. Repaso por los mitos, las cifras oficiales y los contextos donde el equilibrio se rompe.

NC
Norma CharoleComunidades y derechos · · 5 min de lectura
Hidratación con fundamento: por qué el agua alcanza para el día a día y qué se necesita cuando el cuerpo pierde más de la cuenta

Acuérdese de doña Elvira, que atiende el kiosco de Ramos Otero, en medio del monte santiagueño: cada vez que un vecino llega con el termómetro bajo el brazo y la lengua pastosa, ella repite la misma frase, esa que le enseñó su madre y que después confirmó el agente sanitario, y es que para el día a día, cuando el calor aprieta y se trabaja a la intemperie, alcanza con tomar agua en abundancia y comer con algo de fruta. La advertencia, sin embargo, cambia de tono cuando la consulta es otra: cuando detrás del mostrador aparece un chico con diarrea, o un abuelo que vomita sin parar, ahí doña Elvira ya no habla de frutas ni de aguadas, sino de sobres blancos, esos que reparte la salita y que llevan glucosa, sodio, citrato, cloruro y potasio en una proporción exacta, y entonces la charla se vuelve otra cosa.

Agua, sales y el mito del reemplazo deportivo

Quiero contar lo que dicen los organismos que se ocupan del tema, porque en la conversación cotidiana se mezclan las cosas como si todo fuera lo mismo, y no lo es. La Organización Mundial de la Salud y Unicef recomiendan sales de rehidratación oral con proporciones definidas de glucosa y electrolitos para prevenir o tratar la deshidratación vinculada con la diarrea, y remarcan que su función es distinta de la que cumplen las bebidas pensadas para acompañar el esfuerzo físico, de modo que una bebida deportiva no equivale a una solución de rehidratación, por más parecida que parezca la etiqueta.

La explicación que dan los manuales es bastante concreta, y vale la pena repetirla porque ayuda a entender por qué sirve esa fórmula y no otra. La glucosa ayuda al intestino a absorber sodio y agua, y esa combinación explica la utilidad de las soluciones de rehidratación, cuya composición también incluye cloruro, potasio y citrato, motivo por el cual en las guardias y en los centros de salud insisten con el sobre, y no con una botella de color flúo.

Ahora bien, hay señales que nadie debe pasar por alto y que conviene repasar en voz alta: si aparece confusión, desmayos, vómitos persistentes, imposibilidad de beber o signos de deshidratación grave, hace falta atención médica, y elegir una bebida por cuenta propia no reemplaza esa evaluación, por más que en el barrio se repita el consejo del vecino que siempre sabe todo.

Minerales en la mesa y electrolitos cuando hay pérdidas

Hay que decirlo con todas las letras: en la vida cotidiana, la mayoría de las personas obtiene los minerales necesarios de los alimentos. Las frutas, las verduras y las legumbres aportan potasio, los lácteos, las semillas, los frutos secos y algunos vegetales suman calcio o magnesio, y el sodio y el cloruro llegan principalmente a través de la sal y de los alimentos preparados, así que la famosa frase de que hay que tomar algo de minerales para estar bien muchas veces se resuelve en la cocina y no en la farmacia.

Estos minerales, llamados electrolitos, intervienen en la distribución del agua en el organismo y en el funcionamiento de nervios y músculos, una definición técnica que a mí, cada vez que la leo, me hace pensar en la abuela de Mailín, que se levantaba al alba con un mate cocido y se mantenía en pie hasta la nochecita sin saber que estaba administrando, sin proponérselo, un manual entero de fisiología.

Y aquí aparece un dato que parece de sentido común, pero que conviene repetir: sin pérdidas importantes de líquidos, no hay beneficios demostrados de incorporar electrolitos de manera rutinaria mediante suplementos, y para la hidratación habitual suelen bastar el agua, las comidas regulares y la atención a la sed, algo que los pueblos originarios de Formosa, Salta y Jujuy conocen bien, porque aprendieron a leer el cuerpo antes de que existieran las etiquetas.

Ejercicio prolongado y el riesgo de pasarse de agua

El capítulo del deporte tiene sus propios matices. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte señala que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas durante esfuerzos prolongados, en tanto que para ejercicios de menos de una hora la evidencia de diferencias fisiológicas o de rendimiento frente al agua es escasa, de modo que la indicación cambia según la duración y la intensidad de la actividad, y también según la temperatura y la humedad del ambiente.

Cuando el esfuerzo supera una hora, sobre todo con calor o humedad, pueden aumentar las necesidades de reposición, y no existe una cantidad idéntica para todos porque la sudoración y las pérdidas de sales varían de persona a persona, lo que obliga a mirar cada caso y no apelar a fórmulas mágicas, y mucho menos a la costumbre de llenar el bidón con cualquier cosa con tal de tener algo en la mano.

Porque beber más de lo necesario también puede modificar el sodio en sangre, sobre todo en competencias largas o en caminatas por el cerro, y ahí es donde la hidratación deja de ser un acto sencillo y se convierte en un problema serio, una frontera que los médicos conocen y que los corredores aficionados a veces desconocen, con consecuencias que van desde el mareo hasta la internación.

Lo que la comunidad pidió y a quién se lo pidió

Como me lo que me contó la promotora de salud de Campo Grande, en el norte salteño, lo que la comunidad viene pidiendo hace tiempo es que se reparta en los puestos sanitarios la cantidad suficiente de sobres de rehidratación oral, que se capacite a los agentes sanitarios en el reconocimiento temprano de los signos de deshidratación y que se difunda, en las radios locales y en las escuelas de Wichí, Mocoví y Guaraní, la diferencia entre una bebida deportiva y una solución de rehidratación, porque muchas veces se confunden y el error se paga caro, sobre todo con los chicos y los ancianos durante los brotes de diarrea estacional.

A esos pedidos los elevó la comunidad a las autoridades del hospital de referencia de Tartagal, a la dirección de Atención Primaria provincial y, por qué no decirlo, también a este medio, para que la información llegue completa, sin promesas mágicas y sin suplementos innecesarios, y para que el agua siga siendo lo que siempre fue en las casas de adobe y de ladrillo: el primer remedio, pero no el único.

NC
Norma CharoleComunidades y derechos

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