Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Voces del Impenetrable

Voces del Impenetrable

Sarah Paulson se cruza con Lizzie Borden: la jugada de Ryan Murphy que mezcla a dos mujeres marcadas por el crimen

La cuarta entrega de la antología de Netflix incorpora a Aileen Wuornos al relato de los asesinatos de los Borden y arma un encuentro imaginario que no tiene respaldo histórico. Una lectura posible de los hechos y de las licencias que se toma la ficción.

MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Sarah Paulson se cruza con Lizzie Borden: la jugada de Ryan Murphy que mezcla a dos mujeres marcadas por el crimen

A veces uno llega a una nota y ya tiene la imagen armada: la casa cerrada, el calor pegado en la cara, el ruido de un ventilador viejo que no alcanza. Cuando me senté a ver de qué se trataba esta nueva entrega de la saga Monstruo que Netflix viene empujando desde hace un tiempo, lo primero que sentí fue ese zumbido de las películas de verano, de las cocinas con mosquiteros y de las cintas de video gastadas que se veían a la madrugada. Y en el medio de todo eso aparece Sarah Paulson, a quien uno ya conoce de memoria por tantos papeles de mujer al límite, metiéndose nada menos que en la piel de Aileen Wuornos, la asesina serial de Florida que terminó en la silla de inyección letal. La propuesta es: cruzar a Wuornos con Lizzie Borden, la mujer que en 1892 mató a hachazos a su padre y a su madrastra en una casa de Massachusetts. De entrada te lo digo, y esto es lo más importante para no confundirse: no hay un solo papel firmado, ni un solo testimonio conocido, ni una sola foto de archivo que diga que Wuornos sintió alguna fascinación por el caso Borden ni que haya pisado esa casa alguna vez. Esa conexión la inventó el guion. La armó Ryan Murphy junto a Ian Brennan, los mismos que ya venían contando historias de asesinos mediáticos en otras temporadas, y la armaron como un recurso narrativo, no como una reconstrucción de hechos. Dicho esto, vale la pena entrar en el material y entender qué hay de verdad, qué hay de mezcla creativa y qué lugar ocupan esas licencias en una serie que se presenta como basada en un caso real.

Wuornos, la mujer que confesó siete crímenes en Florida

Para entender por qué la serie la eligió, hay que mirar sus antecedentes, que son del siglo XX y nada tienen que ver con el siglo XIX de los Borden. Wuornos fue condenada por el asesinato de seis hombres en Florida, crímenes ocurridos entre 1989 y 1990. Después terminó confesando que había matado a siete, y en las primeras declaraciones sostuvo que había actuado para defenderse de ataques o intentos de agresión. La Justicia no le compró esa versión en todos los casos: recibió seis condenas a muerte y fue ejecutada por inyección letal en 2002, a los 46 años. Es decir, son dos mundos muy distintos: el de Lizzie Borden, hija de una familia acomodada de Fall River, acusada de matar a sus propios padres en la propia casa; y el de Aileen Wuornos, una mujer que vivió en la ruta, en paradas de camiones, y que mató a desconocidos que en general había conocido esa misma noche. La serie, con todo, los pone a dialogar.

Cómo se construye el encuentro entre Lizzie y Aileen

El acercamiento entre los dos personajes se empieza a cocinar a partir del cuarto episodio. La acción se muda a Florida en 1988, y ahí aparece la Paulson-Wuornos en la ruta, en una escena que termina con un disparo que le quita la vida a un hombre. Después, en otra escena, se la ve leyendo con su novia un libro sobre el caso Borden, y ahí, según lo que cuenta el guion, empieza a reconocerse en esa historia. La serie va llevando esa identificación al extremo y la deposita en el sexto capítulo, que es el tramo más jugado de toda la temporada: Wuornos aparece dentro de la casa de los Borden, mientras el montaje va intercalando flashes de la investigación original de 1892. Ella está ahí, en esa casa, como si la hubiera visitado o como si la estuviera habitando en una especie de visión. Brennan, que es cocreador de la serie, lo explicó como una búsqueda deliberada: la idea era darle al personaje de Wuornos un cierre, un desenlace, aunque no fuera un final feliz. Ese cierre se ve, además, en las escenas en las que Lizzie aparece frente a ella y, finalmente, la recibe después de la muerte. Todo eso es invención de los guionistas, no reconstrucción de archivo.

Qué datos chequear antes de mirar la serie

  • Los asesinatos de los Borden fueron en 1892, en Fall River, Massachusetts, y el juicio se hizo en la propia ciudad.
  • Wuornos actuó entre 1989 y 1990 en Florida, y fue ejecutada en 2002, a los 46 años.
  • La confesión de Wuornos incluyó un séptimo crimen que no terminó en condena a muerte.
  • No existe registro público de que Wuornos haya leído el caso Borden ni de que haya visitado la casa.
  • El cruce entre ambas mujeres es un recurso narrativo de la antología de Ryan Murphy, firmado por Ian Brennan.

Una pregunta que la serie deja picando

Lo que uno se lleva puesto después de mirar los seis capítulos es una pregunta que la producción no termina de responder y que vale la pena dejar planteada: qué lugar deberían tener este tipo de licencias en las series que se presentan como basadas en hechos reales. Porque la frontera entre lo documentado y lo inventado se vuelve cada vez más delgada, y uno como espectador tiene que hacer un trabajo extra para separar la paja del trigo. En este caso, el truco está a la vista: la conexión Wuornos-Borden es deliberadamente ficticia, y sirve para que Lizzie, que murió sin condena firme, pueda mirar a los ojos a otra mujer que sí terminó pagando con su vida. Esa operación dramática puede funcionar o no, pero conviene entrar a la serie con el dato bajo el brazo: lo que uno ve en la pantalla es una hipótesis emocional de los guiados, no una cita textual de la historia.

MP
Milagros ParedesCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo